Nunca hagas nada en contra tu ser...


Hace un tiempo, durante una conversación profunda con una buena amiga sobre la vida que llevábamos, ella me soltó esta frase:

"Nunca hagas nada en contra de ti mismo".

Al principio no llegué a comprenderla del todo, pero al final lo entendí y tenia razón, no debemos intentar complacer a alguien únicamente para evitar problemas. No hay que forzarse en actuar o ser como no somos. Pero en aquel momento no me di cuenta hasta qué punto llegaba esa reflexión tan simple pero a la vez tan profunda e importante. Y es que en la vida de hoy, todos lo hacemos casi todos los días, siempre hacemos algo en nuestro contra.

Después de aquella conversación ha pasado mucho tiempo y también muchas cosas. Durante ese periodo he reflexionado mucho sobre los momentos en los que he estado haciendo algo que iba en contra mía, cosas que me iba dando cuenta que realmente hacía porque estaba esperando de mí misma o que yo suponía debía de hacer. Y cada día que pasa, más me doy cuenta de que razón tenía, mucha más de lo que era consciente.

El verdadero poder de su reflexión abarca todos los aspectos de la vida.

En las relaciones familiares, en las amistades, en el trabajo, en la salud, en todo lo que hacemos o dejamos de hacer, podemos estar haciendo algo que no va con nuestra naturaleza, nuestro ser o que a la largo nos puede perjudicar. Dejamos rápidamente de ser libres, no nos demos cuenta, pero nos atamos a nosotros mismos suponiendo qué es lo que tenemos que hacer o qué esperan de nosotros.

Cuantas veces hemos hecho algo, por la razón que sea, que realmente no teníamos ganas de hacer, que no era nuestro deber tan siquiera y que al final nos ha hecho daño a nosotros mismos, tanto física como psicológicamente.

(Sí he escrito físico, porque está comprobado científicamente que el estrés o el mal estar psicológico, tiene sus efectos negativos en el cuerpo. Pero ese es otra tema en el que profundizaré otro día)

No digo que siempre debemos hacer lo que se nos antoja, porque somos humanos, y el ser humano, con sus diferencias, es un ser social y necesita convivir con los demás. Es más, a veces, aunque parezca que no, hacer algo desde el corazón por un familiar o un amigo te puede resultar muy beneficioso para tu bienestar, gracias al sentido y al valor de dicha acción.

Estoy hablando sobre el “mundo” en que vivimos hoy, donde tenemos que hacer cada vez más cosas en muy poco tiempo, a las que a veces no podemos llegar si no nos autoimponemos una presión feroz. La cuestión es qué conseguimos?

Cosas y más cosas! La era industrial nos ha convertido en adictos a la palabra tener, tal como suena, ya que muchas veces queremos llenar un vacío, y lo hacemos a menudo comprando algo nuevo, que acabamos tirando. No estoy juzgando a nadie, y comprendo que habrá familias que vivan con mucha presión y no tengan medios para comprar lo que desean, pero en muchos casos es así.

¿Pero qué pasa cuando hacemos algo que va en contra de nuestra voz interior?

Nos produce claramente una sensación de presión y de agobio.

Si a parte de la presión diaria a la cual estamos sometidos, añades una vida entera haciendo lo que se espera de ti y no lo que realmente quieres hacer, ese estrés que sufren cuerpo y mente se multiplica. Y no es nada sano.

Quién no se va a sentir estresado siguiendo el ritmo a que late el mundo, un ritmo que va en contra de la naturaleza humana.

El ser humano es el mamífero con mayor capacidad para adaptarse a situaciones nuevas, entornos nuevos, etc. Pero TODO tiene su límite..

Físicamente el estrés puede dar al cuerpo un chute de cortisona y adrenalina que viene bien cuando tienes que huir de un peligro físico. Pero cuando es únicamente psicológico y algo constante, no puede más que dañar al cuerpo y la mente también sufre sus efectos negativos.

Problemas con el sueño, rabia, ira, falta de concentración… y puede afectar entre otras más cosas a la memoria.

Habrá quien me discuta y me pueda decir que existe un estrés “sano”, hay gente que necesita estar bajo ese estrés para funcionar óptimamente en su trabajo y que lo tiene controlado, sin llevarlos a casa...

Pero no creo que sea sano, como anteriormente comentaba, ya que es un estado de alerta. En un momento de extrema necesidad estás a tope, encima de todo, viendo las cosas claras con una energía superior a la que tienes normalmente, pero es como estar drogado. Si el cuerpo mismo actúa todos los días de una manera que resulta peligrosa, científicamente queda demostrado que el estrés ataca a los anticuerpos y causa muchas enfermedades cardiacas, sobrepeso o pérdida de peso, incluso cáncer.

Estar en estado de estrés quiere decir que estás haciendo algo en contra de tus propios poderes y deseos, estás en tu límite. Es lógico que no puedas pasar toda tu vida evitando situaciones estresantes pero es una cosa que hay que tomar en serio, y aprender a ponernos límites a nosotros mismos y hacer que los demás también nos respete.

Podría continuar con el tema del estrés porque es muy amplio, pero este artículo no trata de eso, sino de saber escucharte a ti mismo, de buscar tu voz interior. Saber elegir cuándo reaccionar y cuándo saber dejar lo que estás haciendo.

Hace poco, en una charla que di sobre el poder de elegir, me encontré con mucha gente que estaba haciendo cosas por otros sin realmente quererlo, se sentían sin fuerzas y desganados, habían asumido una tarea que no les correspondía o por lo menos no para hacerla solos. Poco a poco habían llegado a un estado depresivo y pensaban que no había ninguna posibilidad de rechazar a sus familiares, amigos o su compañeros de trabajo. Estaban encerrados en unas creencias que les impedían salir de dicha situación.

Debemos respetarnos y saber convivir en este mundo, eso es lo básico, pero también debemos aprender a decir no y / o buscar ayuda si nos hace falta. Pero muchos no lo hacen, siguen con lo que siempre han hecho, y no salen de esa "zona de confort" porque no han aprendido a escucharse, o se sienten mal pensando en negativo o rechazando una responsabilidad que al final no les pertenece. Nunca han cuestionado sus valores y creencias y de donde han salido.

Hay que llegar a entender que somos todos diferentes, que cada uno tenemos unas capacidades que otros igual no tienen y viceversa. No pasa nada si una persona ha hecho 10 cosas por nosotros y solamente le hemos devuelto 3 favores… Esto no es una competición, aunque desgraciadamente desde pequeño nos han enseñado que la vida es exactamente eso. Tenemos que tener el mejor pelo, cuerpo, coche, casa, novio, hijos… y si no lo tenemos nos sentimos mal. ¿Y si el error está en eso, en pensar que debemos compararnos con los demás, y no en hacer las cosas desde el corazón y haciendo que el mundo sea un lugar más fácil en el que vivir?

¿Y si aprendiéramos a escucharnos a nosotros mismos? ¿A decir no? ¿A saber cuándo alguien o algo está empujándonos al límite? ¿A saber manejar mejor el estrés? ¿A saber elegir el camino que queremos tomar en la vida?

Desde luego la frase que mi amiga me dijo hace tantos años me hico reflexionar, e incluso hoy descubro cosas nuevas que se pueden incluir dentro del mensaje poderoso...

Espero que lo pienses bien cada vez que te sientas incómodo en una situación o ante ciertas personas… hazte esta pregunta:

¿Estoy haciendo realmente lo que quiero?


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